"La Música es una entrada incorpórea dentro del más elevado mundo del Conocimiento que comprende la humanidad pero que la humanidad no puede comprender..."

LUDWIG VAN BEETHOVEN

sábado, 28 de mayo de 2011

TESTIMONIO DE ROSITA CABALLERO MÉNDEZ

Para mí, el dar a mí bebé experiencias musicales antes de nacer fue algo bellísimo porque hacía tiempo que había trabajado con música con mujeres embarazadas y, ahora, la vida me daba la posibilidad de hacer conmigo misma y con mi bebé estas valiosas e interesantes experiencias. Inicié el mismo día en el que, gracias al ultrasonido confirmé emocionada que estaba embarazada. El bebé tenía ya seis semanas de vida y, aunque sabía perfectamente que su oído no estaba todavía formado, yo le cantaba y le había escuchar la primera melodía que grabé especialmente para él como un mensaje de amor, aceptación y ternura.

Seis años antes había escrito música para bebés y ahora seleccionaba algunas de estas melodías para mi pequeño embrión. Al pasar el tiempo fui uniendo otras piezas musicales, hasta que al final del embarazo la grabación tenía 29 selecciones.

No tuve un criterio definido para esta selección; simplemente en ese momento escogí lo que me gustó para el bebé.

La experiencia musical se repetía tres o cuatro veces a la semana, al anochecer o cuando yo tenía un momento de paz y me sentía muy feliz de hacerlo.

A las veinte semanas, el bebé respondía con movimiento a estímulos musicales. Además su existencia en mi ser me llenaba con luz para escribir poesías, las cuales le leía una y otra vez.

Sin embargo, mi embarazo fue difícil y desde las primeras semanas tuve una amenaza de aborto, mioma intramural y otros problemas ginecológicos importantes, que hacían considerarlo de alto riesgo. Desde luego me habían dicho que no me ilusionara.

Pero mi amor por ese pequeño ser que crecía dentro de mí unido a mis oraciones y mi fe en la vida fueron superiores a todo, y el bebé seguía creciendo.

Al cumplir las 24 semanas tuve noticias de que el riesgo de perderlo era mucho mayor y tuve miedo y tristeza, pero entonces me aferré más a su vida y la puse en manos de Dios; a través de la música le enviaba mensajes de vida y esperanza.

Cuatro semanas después daba gracias a Dios por dejarnos juntos y cuando, extasiada, escuché el latido rítmico de su corazón tuve la inspiración para escribirle otras poesías y grabar más melodías.

Al cumplir las 32 semanas lo vi en el ultrasonido, hermoso e inquieto; no quise saber si era niño o niña, yo lo amaba incondicionalmente. La emoción de verle me dio la fe necesario en su vida y le pedí con todo mi ser que algún día naciera, Valoré más las experiencias  musicales y me propuse escribir algún día sobre este hecho. El bebé se había logrado, con medicamentos, reposo y quizás más por mi gran amor maternal. Yo sabía que el bebé sentía mi amor, y entonces quise grabar para él otras melodías.
A las 34 semanas mi pequeño arrullaba y dormía con algunas canciones, y con otras se agitaba y pataleaba; observé que al estar inquieto se relajaba con la música.

Cuando se cumplieron 38 semanas y faltando cuatro día para que naciera (con cesárea programada), fui a la iglesia para pedir a Dios ayuda y valor para el gran momento y ahí tuve la experiencia de que, al escuchar “Meditación” en el órgano, el bebé se despertó y pataleó sin cesar. Había reconocido su música y este hecho me emocionó mucho. Cuatro días después llegó a este mundo, en una tarde lluviosa del 26 de Septiembre, una hermosa bebita y la música de su cassette nos acompañó y estuvo presente para darle seguridad y amor. Su llanto al nacer me estremeció, nunca olvidaré su sonrisa al acercarla junto a mí al mismo momento en el que escuchaba “Canción de la estrella de la tarde” de Wagner, y al ver que la arrullaban con “Canción de cuna” de Brahams.  Cerré los ojos y di gracias a Dios con todo mi ser. Mi bebé había nacido y estaba perfectamente bien.

Ahora, mi bebita tiene 16 meses, veo todo aquello como un sueño. Mi niña es alegre, su vocabulario es de 70 palabras. Es sana, llena de vida, comunicativa y reacciona a la música corporal, verbal y emotivamente.

Quisiera aclarar que mi intención no ha sido nunca formar un músico, ni programar un super bebé sobreestimuado, sino simplemente un bebé musical feliz.

1 comentario:

  1. Increíble el poder de la música. Las personas no serían lo mismo sin la música. Para mí esto no es un milagro, sino una realidad.

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